Lo sé, llevo una semana sin publicar, pero hoy os traigo un post con el que compensarlo.
El domingo de la semana pasada fue mi cumpleaños (happy b-day to me!) y mi querido marido o esposo según el lado del charco desde el que estemos leyendo, me regaló ese fin de semana en una de las islas más bonitas que han pisado mis piececitos: Holbox!
Vamos por partes, ¿dónde está Hoblox? Aquí un mapa que seguro os ilustrará más que lo que yo pueda explicar con palabras, (Holbox marcado con la A de ahora) :
Para llegar hasta Holbox desde Mérida, toda una aventura, hay varias rutas, nosotros a parte de pasarnos la salida que nos tocaba, tuvimos que: coger la autopista de pago o cuota desde Merida hasta Cancún, llegar hasta Cancún, ir para atrás unos cuantos kilómetros para coger la autopista libre o autovía de Cancún a Merida (sí, volver para atrás) hasta el pueblo de El Ideal para coger una carretera de un carril y hacer muchos kilómetros, esquivar unos huecos en la carretera que si son un poco más profundos seguro llegan a Barcelona, pasar por medio de 1256 mil pueblos para finalmente llegar hasta Chiquilá donde hay que coger un ferri de 25 minutos que te lleva hasta la paradisíaca isla de Holbox.
Holbox es una isla minúscula (40 km largo y 2 km ancho, sí sí, 2!), con nada asfaltado, calles de arena (arena blanca nuclear) y con casitas y lugares muy auténticos. Un lugar acorde a la filosofía Hakuna Matata, Let it be, Don't worry - be happy!
¿Cómo se mueve la gente por la isla? ¡En carritos de golf retro, en bici o a pie!
De entre los hoteles que hay, que por cierto, la mayoría con mucho mucho encanto, estuvimos alojados en CasaSandra - hotel boutique, un hotel con mucho arte. Arturo y Eva, directora del hotel, dos españoles en Holbox, nos atendieron ¡súper bien, todo facilidades y tan amables!
CasaSandra, (fotos hechas por nosotros)
entrada hotel boutique
detalles exterior
detalles baño
La verdad que hay varias cosas por hacer en esta microisla, algo obvio: ¡playear! Tumbarte en la arena a hacer de lagarto (que por cierto vimos más de una iguana). En Holbox hay un río y manglares; algunos de los hoteles y algún negocio local alquila kayacs para y también te ofrecen excursiones en kayac por los manglares. Nosotros no tuvimos la oportunidad de hacerlo pero nos dijeron que era espectacular.
Una actividad típica y exótica que hacer: nadar con el tiburón ballena (dios mío, ¡que miedo!), aunque nosotros no pudimos hacerlo porque no era la época en la que el mamífero más grande del mundo mundial estaba en la zona (sólo de marzo a septiembre).
El hotel donde estuvimos te presta unas bicis muy molonas, estilo vintage, así que ni cortos ni perezosos cogimos una cada una y fuimos a hacer un tour (con aires de Verano Azul) por la isla. Recorrimos casi la isla entera montados en la bici y pedaleando por la playa. Sí sí, tal cual, a un palmo del agua.
Ah! Si váis, no podéis no ver la puesta de sol desde el mar, es un must (yo no soy muy aficionada a los típicos románticos, pero esto no es una cuestión romántica, sino estética). El agua de la playa, además de ser turquesa y espectacular tiene medio metro de profundidad en varios metros, por lo que pasear por dentro del agua durante el día es tarea fácil, pero os recomiendo que a media tarde (sobre las 16 h en esta época del año) que hay marea baja, os arremanguéis los pantalones y vayáis a dar un paseo por la playa (pero por el mar). Cuando veáis las fotos lo entenderéis mejor.
Por hoy creo que me alargado un poquito demasiado mucho, por lo que os dejo con algunas de nuestras fotos (#iPhone forever).